9 cosas que hacer en un viaje a Bilbao

9 cosas que hacer en un viaje a Bilbao

Bilbao son los destellos de luz sobre las curvas del Guggenheim, el pintxo-pote con la cuadrilla, el toque industrial que todavía resiste en algunos puntos de la ciudad, la Ría con las aguas del Nervión fluyendo hacia el Cantábrico y la vida de antaño en su Casco Viejo. Bilbo es todo eso y vivirlo es tan fácil como regalarte a estas nueve experiencias:

Saludar a Puppy antes de entrar en el Museo Guggenheim

El Museo Guggenheim es hogar de las creaciones de Mark Rothko, Jeff Koons, Richard Serra, Eduardo Chillida, Louise Bourgeois y Jenny Holzer, entre otros muchos nombres propios. Y no, no le haría falta presentación porque las curvas que le diseñó el arquitecto Frank Gehry se han convertido en una de las señas de identidad del perfil de Bilbao, y las obras de la segunda mitad del siglo XX que lleva atesorando desde que abriera sus puertas en 1997 han colocado a la ciudad en el mapa del arte mundial. Para colocarla en el de la gastronomía aporta su granito de arena el restaurante Nerua, situado en el interior del edificio.

Pasear por calles con más de 700 años de historia

O lo que es lo mismo pasear por las famosas Siete Calles de Bilbao, esas que estuvieron en el origen de lo que hoy es la ciudad. A saber, Somera, Artecalle, Tendería, Belosticalle, Carnicería Vieja, Barrencalle y Barrencalle Barrena. El trazado primigenio de Bilbao se despliega ante ti salpicado de comercios locales, bares, restaurantes y algún que otro monumento excepcional como el Palacio Arana, el más antiguo de Bilbao, o esa deslumbrante Catedral de Santiago con claustro, luminoso y sereno, y torre esbelta y rabiosamente neogótica.

Presentar tus respetos al gran Unamuno y, acto seguido, emprender un ascenso

La ciudad recuerda al famoso escritor y filósofo bilbaíno con una plaza y una escultura en su honor situadas a unos cien metros de la que fue su casa natal, en el número 16 de la calle Ronda. Aprovecha tu paso por la plaza de Unamuno y, si te ves fuerte de piernas, dirígete hacia las Calzadas de Mallona, las escaleras que tendrás que subir para dejar atrás el Casco Viejo y llegar hasta la Basílica de Nuestra Señora de Begoña, la Amatxu, como se la conoce popularmente, y patrona de Bizkaia.

Sentarse a ver la vida pasar en la Plaza Nueva

Tardó 65 años en estar lista, pero cuando lo hizo, en 1851, adquirió un papel protagonista en la vida de la ciudad que ha mantenido hasta hoy, gracias al movimiento y dinamismo que le otorgan todos esos bares y restaurantes que se abren a la plaza desde los arcos que la bordean y al mercado que cada domingo reúne a coleccionistas de libros, discos, artesanía, minerales, sellos….

Ir de pintxos

Si eres de los que disfrutan frente a un buen planto, pocas estampas te parecerán más apetecibles que las de las barras de los bares de Bilbao cubiertas de sus míticos pintxos. La felicidad sobre un pan era esto y probarla es tan sencillo como comenzar tu particular y anárquica ruta por los establecimientos de, por ejemplo, el Ensanche o el Casco Viejo. No creemos que tengas fondo para un después, pero sí para otro día. Será entonces cuando puedas probar otros manjares de la gastronomía bilbaína como son el bacalao al pil-pil, el pisto a la bilbaína o el marmitako Y, por supuesto, todo ello regado con txakoli.

Tomarle el pulso a la ciudad en su mercado de abastos

Fresco, local y de temporada. Así es el género que encontrarás en los puestos de carne, fruta, pescados, verdura, pan… de un Mercado de la Ribera que lleva siendo testigo del fluir del agua por la Ría desde el siglo XIV. En esa época ya hay constancia de su existencia, aunque el edificio modernista, germen del que hoy puedes contemplar, no empezó a levantarse hasta finales del XIX. Haciendo suyo eso de renovarse o morir, cuando lo visites (porque lo harás), también encontrarás junto a las tradicionales paradas, gastrobares y terrazas.

Sumergirte en el epicentro de la cultura contemporánea en la ciudad

De corte modernista por fuera y con un carácter industrial y funcional por dentro, el Azkuna Zentroa-Alhóndiga dejó atrás su pasado como almacén de vinos en los años 70 e inauguró en 2010 un presente como centro deportivo y de ocio, enfocado en la actualidad a la cultura contemporánea. Visitarlo merece la pena solo por disfrutar de un edificio cuyo interior es obra del diseñador Philippe Starck y que recibe, de entrada, a quien cruza sus puertas con el espectáculo visual que supone contemplar el Atrio de las Culturas y esas 43 columnas talladas con diseños y en materiales diversos. El resto es puro arte, con especial predilección por lo digital y lo audiovisual.

Azkuna Zentroa-Alhóndiga de Bilbao

Contemplar Bilbao desde otra perspectiva

Bilbao se asentó, creció y trabajó en los márgenes de su Ría. Después, con el paso de los años, esta cremallera de agua y sus alrededores fueron poniéndose coquetos a golpe de edificios señoriales y monumentos que no querían perderse las vistas al fluir de su curso. Navegarla, ya sea en barco, en bote, en canoa o haciendo paddle surf, es pasar por debajo de sus puentes, contemplar un juego de luces diferente sobre la estructura del Guggenheim, divisar el Teatro Arriaga y sorprenderte pensando que te recuerda a la Ópera de París, descubrir que la Iglesia de la Merced ya no es la Iglesia de la Merced, sino la Sala Bilborock, llenita hasta arriba de música y cultura; echar la cabeza atrás para que no se te escape ni un detalle de la grúa Carola… Es, en definitiva, contemplar Bilbao desde abajo para verlo todavía más grande.

Subir al mirador de Artxanda

Puedes hacerlo a pie, por el sendero GR 228 Anillo Verde de Bilbao, o en un funicular que lleva activo desde 1915. Tres minutos le bastan para llevarte a la cima de un Monte que hoy es zona de ocio, esparcimiento y vistas de Bilbao, de esas que enmudecen; pero que durante la Guerra Civil fue lugar de batallas por la defensa de la ciudad. Sirve de recuerdo de aquellos gudaris y milicianos que lucharon en ellas la escultura Aterpe 1936.

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