10 cosas que hacer en un viaje a Valencia

Plaza de la Virgen de Valencia

A Valencia no le falta de nada. Tiene historia e historias para saciar la curiosidad, playas para refrescar el cuerpo, barrios que son casa, buena mesa para alimentar el estómago y paisajes para el alma. Y sí, también tiene ese carácter como de estar por encima del bien y del mal que solo puede esgrimir quien se permite celebrarlo todo a lo grande: bien de fuego y bien de artificio, como diciendo aquí estoy yo. Porque efectivamente, ahí está ella y estas experiencias son la prueba que lo demuestra.

Entrar en su Catedral

Y no querer salir de allí hasta saberlo todo de ella. Especialmente si eres seguidor incondicional de Indiana Jones y descubres que el Santo Cáliz se encuentra aquí. Contemplarlo produce admiración y escepticismo a partes iguales, así que dejamos a tu elección el, con los datos en la mano, creer que es el auténtico o no. Además de esta pieza, son muchos los visitantes que acuden a la catedral atraídos por el Micalet, la torre del campanario desde la que contemplar unas de las mejores vistas de Valencia. Te separan de ellas unos 200 escalones.

Escoger la ración de cultura que necesitas cada día

En Valencia por haber hay hasta un museo dedicado a los soldaditos de plomo, así que la variedad y lo curioso en lo que a arte se refiere están garantizados. En esta tierra no podía faltar un museo dedicado al arroz, un par de ellos a las fallas y otro a la cerámica. Este último, el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí, se ubica en el Palacio del Marqués de Dos Aguas, puro Barroco español, y alberga piezas del mismísimo Picasso. Importante echar un ojo a la Fundación Bancaja, donde Sorolla tiene un lugar destacado, y a las exposiciones del Centre del Carme Cultura Contemporánea, tan vivo y tan dinámico que lo mismo encuentras una performance, que libros, que artes escénicas o música.

Comprobar eso de que la vida de barrio es la vida mejor

La prueba la tienes en Ruzafa. Lleva años copando titulares que lo definen como el Soho valenciano, la zona hípster de la ciudad o el barrio de moda que hay que visitar. Y es que sus aceras acogen restaurantes con los que dar la vuelta al mundo sin moverte de Valencia, tiendas de diseño donde uno entiende la importancia de rodearse de objetos bonitos, cafeterías donde entrar a desayunar y quedarte a pasar el día y una energía como de vida en movimiento y proyectos en marcha.

Descubrir que la vida es lo que pasa entre la hora del esmorzaret y la de comer paella

El esmorzaret (almuerzo) es ese ritual casi sagrado que se practica en Valencia entre, aproximadamente, las 09.00 y las 12.00, consistente en disfrutar la vida a base de aperitivo, cerveza fría o vino con gaseosa, bocadillos de toda índole y condición y un cremaet como colofón. Existen muchos templos para iniciarse en ello, pero si alguno es famoso por sus pantagruélicos bocatas ese es La Pascuala. La paella requiere de menos explicación, aunque alguno necesite aprender que no, que el arroz con cosas no siempre es paella. Un buen lugar para entenderlo es Casa Carmela, donde llevan desde 1922 trabajando en esto de hacernos felices gracias a un plato de paella.

Encontrar tu lugar en el mundo si tienes ansias de saber

Las curvas de la Ciutat de les Arts i les Ciències ya forman parte del imaginario colectivo de vecinos y visitantes. Lugar de peregrinaje para los amantes de la ciencia, la tecnología y la cultura, en este espacio tiene cabida desde el famoso Oceanogràfic, en el que se recrean diferentes ecosistemas marinos que acogen a unas 500 especies de animales, hasta los espectáculos de los que ha sido testigo el Palau de les Arts, pasando por un jardín de más de 17.000 metros cuadrados de nombre Umbracle y hogar de plantas típicas mediterráneas.

Ciutat de les Arts en Valencia
Ciutat de les Arts de Valencia / Foto de Dimitry B en Unsplash

Visitar la Capilla Sixtina

Sí, sí, pero la valenciana. Y es que desde que la iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir, situada en el centro histórico de la ciudad, fuera restaurada allá por 2016 son muchos los que la apodan así. ¿La razón? Las pinturas al fresco realizadas por Dionís Vidal en 1700 para representar la vida de los dos santos titulares de esta iglesia y que, tras la intervención, han recuperado su riqueza cromática y su luz. Cruzar las puertas de este templo supone además entrar en una de las primeras doce parroquias cristianas de la ciudad y en un edificio que combina estructura gótica del siglo XV con decoración barroca del XVII.

Subir a lo alto de unas torres medievales

Bajo tus pies, las Torres de Serranos, vestigio de una época en que la ciudad necesitaba de murallas para defenderse. De frente, Trinitat, Benimaclet y el mar. A tu espalda, las fachadas y tejados del Carmen. El barrio se ha puesto curioso. De hecho, hay quien lo visita solo por fotografiarse en la calle Moret. Se la conoce como la calle de los Colores. La culpa la tiene los 60 metros de grafitis que cubren sus muros. Destaca especialmente uno de ellos: el de una pareja anónima besándose en el aeropuerto de Londres.

Torre de los Serranos

Asistir a un festival de belleza, olores y sabores en el Mercado Central

Aquí se cumple eso de que lo importante está en el interior. Casi 300 puestos rebosantes de frutas y hortalizas frescas, especias, pescados, mariscos, carnes o quesos que te provocarán el deseo de mejorar tus dotes culinarias para sacarles el máximo partido en tus recetas. Ahora bien, cuando la explosión de color de muchas de sus paradas te lo permita, no dejes de levantar la vista para admirar las cúpulas de cristal, hierro y cerámica del edificio modernista en el que te encuentras. De luz cálida, espacios abiertos y bonito hasta decir basta. Por él no pasan los años, y eso que suma más de 100.

Y de repente… el mar

Porque pocas cosas resultan más placenteras que encontrarse con los pies en el agua, la promesa de un baño ante ti y la toalla esperando tu llegada en la arena. De los kilómetros de arena fina y blanca con los que cuenta Valencia, las playas urbanas del Cabanyal y la Malvarrosa, por su proximidad a la ciudad, son el complemento perfecto a un día entre monumentos y museos. Recorre su paseo marítimo hasta encontrar el sitio que lleva tu nombre, planta la sombrilla y siente la brisa del mar.

Ver el atardecer sobre l’Albufera

Situado a 10 kilómetros de Valencia, este Parque Natural es la bajada de revoluciones que cualquier viaje necesita. Los “qué ver” dan paso a kilómetros de arrozales y huertas, a las coquetas casas de El Palmar, donde todavía queda en pie alguna barraca y siempre hay algún barquero dispuesto a recorrer contigo un lago que es hogar de numerosas aves y escenario de una de las mejores puestas de sol de España.

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