10 cosas que hacer en un viaje a Madrid

Madrid

En Madrid, el agua se bebe del grifo, ‘es que’ se pronuncia ‘ej que’, la vida se saborea con dos panes rellenos de calamares y las noches se sabe cuándo empiezan pero no cuándo terminan. Tampoco es que importe mucho porque al otro lado siempre está la promesa de un chocolate con churros. A Madrid le va la marcha y estas son las experiencias que necesitas vivir para decir que has sido capaz de seguirle el ritmo:  

Recorrer la Gran Vía 

Desde Cibeles hasta Plaza de España. Ir dejando atrás cada uno de los más de 70 números de esta mítica calle que celebró su centenario en 2010. Si su asfalto hablara nos contaría historias hasta de Ava Gardner. Que no te importe si no lo hace, ya dicen bastante sus edificios. O si no, prueba a no quedarte embobado pensando en todo lo que ha vivido el edificio Capitol con su famoso letrero de Schweppes, el Metrópolis, el edificio de Telefónica o el cine Callao. 

Empaparte de cultura en los pasillos del Museo del Prado, el Thyssen-Bornemisza y el Reina Sofía  

Poco se habla de que en el Paseo del Arte se den cita tantas y tan impresionantes obras de arte, del privilegio que supone encontrar en su kilómetro y poco creaciones como Las Meninas, El Jardín de las Delicias, El Guernica o Habitación de hotel, y nombres propios como los de Dalí, Van Gogh, Gauguin y Monet. El síndrome de Stendhal está garantizado. 

Perderse por el triángulo que conforman Callao, Sol y Ópera  

Desciende por Preciados, desvíate momentáneamente por la calle de Tetuán para probar las croquetas de bacalao de Casa Labra. No te vayas de Madrid sin utilizar el Oso y el madroño como punto de encuentro, y sin la mítica foto de tus pies en el kilómetro cero. Recorre la Puerta del Sol, echa un vistazo al cartel de Tío Pepe, también a ese reloj que marca cuándo cambiamos de año. Un dulcecito (o varios) de La Mallorquina y enfila Arenal para llegar hasta Ópera. Presenta tus respetos al Teatro Real y a la danza, teatro, música y ópera que han pasado por sus tablas.  

El Oso y el madroño de Madrid
El Oso y el madroño de Madrid

Maravillarse ante la grandiosidad del Palacio Real y sorprenderse ante el estilo de la Catedral de la Almudena  

Parece un cara a cara: palacio frente a catedral, separados por una enorme explanada que conduce hasta el mirador de la Cornisa y su dominio sobre los Jardines del Campo del Moro. Más de 3.000 estancias dan forma al palacio que comenzó a construirse a principios del siglo XVIII y que en la actualidad es la residencia oficial de los reyes, aunque no lo habiten. Durante la visita uno puede contemplar la escalera principal o el salón del trono, descubrir cómo eran las cocinas de las residencias reales europeas y ver cómo lucen un Caravaggio, un Velázquez, un Goya o un Sorolla en su galería de pintura. 

La catedral, por su parte, no lleva tanto vivido. Nació como un proyecto inspirado en el neogótico florido francés allá por 1885, pero se quedó en eso, en proyecto neogótico, para dar paso a un edificio con un estilo menos vistoso e imponente pensado para integrarse en el Madrid de los Austrias en el que se encuentra. No se consideró terminada hasta 1993 y genera especial curiosidad su cripta con 558 columnas. 

Descubrir el nuevo look de la Plaza de España  

Se ha puesto peatonal y ciclista. Nada de coches, bien de zonas verdes y de recreo. Lo que no ha cambiado es la imponente presencia de Torre de Madrid o el Edificio España, las impresionantes construcciones que llevan años custodiándola, ni el Monumento a Cervantes con Don Quijote y Sancho Panza en actitud siempre dispuesta a la aventura. Esto va de pasearla y dejarse llevar hasta que nuestros pies nos conduzcan al Templo de Debod, donde te sorprenderá encontrarte con un templo de más de 2.000 años de antigüedad que Egipto donó a España y te enamorará, más si cabe, el atardecer con vistas a la Casa de Campo que puede contemplarse desde su mirador.  

Aprender que los domingos son para pasarlos en el Rastro, vermut y aperitivo incluidos 

En la Ribera de Curtidores ya no se ve el rastro de sangre que dejaban las reses muertas en su camino hacia el matadero. De eso ya solo queda el nombre con el que se conoce al famoso mercadillo que cada domingo, entre 09.00 y 15.00 horas, llena la zona con sus más de 3.000 puestos: ropa, libros, antigüedades, muebles, zapatos, joyas, discos, cromos, figuritas… Si no lo encuentras aquí, quizá es que no existe. Lo que sí que existe son las zapatillas de lacón del Melo’s, las tostas de El Capricho Extremeño y los caracoles de Casa Amadeo. El descanso del guerrero era eso: sentarse en sus mesas o acodarse en sus barras.   

Pasear por un Paisaje Cultural Patrimonio Mundial de la UNESCO o, lo que es lo mismo, pasear por el Retiro  

Dejar atrás la Puerta de Alcalá para cruzar la verja de este parque de 125 hectáreas es entrar en una burbuja de oxígeno y escapar, por un rato, del asfalto de Madrid. Miles de árboles, parterres y zonas de césped hacen posible decir aquello de “verde que te quiero verde”. Dentro de sus dominios es posible remar en el gran estanque, subir a lo alto del monumento a Alfonso XII para contemplar cómo se extiende la ciudad a tu alrededor, fotografiarse en el Palacio de Cristal y darle a tu feed de Instagram un aire más romántico y probar a encontrar la estatua del Ángel Caído, la famosa escultura que representa al diablo. 

Palacio de Cristal

Comer un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor  

Lo podrás hacer también en otros lugares de Madrid, pero como que apetece más y suena más auténtico si se hace en una plaza que suma más de 400 años de antigüedad. Presidida por la imponente estatua de Felipe III, de un vistazo uno descubre los murales de la Casa de la Panadería, un edificio barroco de 1590 que ya no recuerda la época en la que fue Tahona General de la Villa y ahora acoge el Centro de Turismo de Plaza Mayor. Sus adoquines conducen inevitablemente al bar La Ideal y a La Campana y, con el bocata en la mano, uno sabe que solo podrá dejar atrás esa plaza si es abandonándola por el legendario Arco de Cuchilleros.  

Las tapas y la vida ante una mesa en la Latina, por favor 

Los huevos rotos en Casa Lucio, una pizza en Emma y Julia, la cerveza artesana en La Osita, los celíacos tienen su paraíso en Taberna La Concha, las meriendas en el Delic, la tortilla en Juana la Loca y las copas, por supuesto, en El Viajero. A ser posible, en su azotea. 

Visitar el Estadio Santiago Bernabéu  

Recorrer el perímetro del campo, pasar por el túnel de jugadores, entrar en el vestuario del primer equipo del Real Madrid, sentarse en la sala de prensa y asomarse al palco de honor son algunas de las propuestas que brinda el Tour del Bernabéu. Su museo, además, permite recordar los momentos de gloria del club a través de objetos de gran valor entre los que no podían faltar sus 14 Copas de Europa.  

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